domingo, 20 de marzo de 2016

Sombras

Hubiera sido fácil descubrirle,
estaba tan a la vista...
sus señales aparecían por aquí, por allá,
pero estaban ciegos,
no supieron ver detrás del pelaje,
tenía disfraz de caballero,
y dieron por ciertas sus jerigonzas.
No siempre era el mismo
algunas veces parecía un niño
que tragaba lágrimas;
otras, semejaba una dama
llena de cálculos
en el proscenio de un teatro
que creaba para su uso.
También ejercía como indigente,
de pelo, manos y miradas
que provocaban  la huída
de los que no querían ver;
O de banquero lleno de bondad,
Cómo explicarlo?
banquero y bondad son antónimos
de siempre;
mas al final convencía, si
que convencía,
tenía un arsenal de excusas,
de frases que decían todo
y no decían nada,
plañideras en el funeral
de la historia,
ejerciendo de matonas de la verguenza,
réplicas de mercanchifles
que venden, a pesar de todo,
sus miserias y engañifas.
locos y sabios, danzando
en el aquelarre de lo fingido,
estrellas sin brillo,
cielo sin estrellas,
orgía de petimetres en decadencia
de faranduleros sin escrúpulos
tocando los tambores sin fondo
de la hipocresía.
Y, aunque estaba a la vista,
y era fácil descubrirle,
no supieron descalificarlo,
ni maniatarlo, ni amordazarlo.
El ego continúa a su aire,
tomando todas las decisiones
por los hombres, sus esclavos.

El juicio

Cuando el ujier anunció que el venerable juez Graham presidiría el juicio, todos a una se levantaron de sus asientos con respeto y admiración en los ojos. El juez Graham pasaba de los sesenta años, pero aún impresionaba a todos por su enorme estatura, su cabellera y barba blancas y abundantes, y el color intenso de sus ojos.  No era un juicio cualquiera, era "el juicio", probablemente el más importante del condado en los últimos 50 años. La hermosa abogada Ethel Ferguson, de tan sólo 26 años había sido encontrada en un basurero, con sus inmensos ojos azules abiertos, llenos de horror, violada y asesinada. Ethel Ferguson no sólo era una abogada graduada de Harvard, muy talentosa, que en el curso de su corta carrera se había granjeado la admiración de todos por su agudeza en las defensas de sus múltiples clientes, sino era además la hija única del fiscal del distrito, James Ferguson. Era un secreto a voces que la causa del crimen era la venganza de un capo de la mafia, que años atrás había sido enviado a prisión por el fiscal Ferguson, y que ahora se encontraba frente al tribunal como máximo sospechoso, ya que todas las pruebas recopiladas apuntaban a él. El descaro del delincuente era palpable, se había encargado de que se supiera bien que había sido él el autor del crimen, y que su dinero haría que , a pesar de ello, saliera absuelto. Había contratado al lobo de lobos de entre los abogados, un leguleyo rufián que no se conmovía ni un ápice por la justicia, todo lo contrario, sólo el grosor de su cuenta bancaria despertaba en él un esbozo de sonrisa. Por otra parte, el fiscal Ferguson en persona se encargaba de representar al estado, como parte acusadora. Y también había otro elemento que le añadía sazón al entuerto, el juez Graham y el fiscal Ferguson se odiaban a muerte, no se sabía el porqué, pero era muy notorio el desdén que primaba en cualquiera de sus encuentros, y que apenas conseguían disimular. La expectación estaba en su punto más alto, el jurado ya había escuchado a todas las partes, y sólo quedaba que tomaran su decisión. Hacía más de una hora que se habían retirado a deliberar, y aún no salían. Cuando finalmente ocuparon el estrado, el juez Graham les preguntó si ya habían llegado a un acuerdo, y ellos así lo afirmaron. El ujier trajo el veredicto, el juez lo abrió, y antes de pronunciar palabra alguna se le vio quedar muy pálido, con la mirada perdida y un sudor que comenzó en su frente, y que se hizo extensivo al resto del cuerpo. Haciendo acopio de valor leyó que el jurado, por un estrecho margen de mayoría, declaraba al reo inocente del crimen. Al capo se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja, entre muchas caras serias que no daban crédito a  lo que habían escuchado.Fue entonces que la trama tomó un tinte para el que nadie en absoluto estaba preparado. El juez Graham metió la mano por debajo de la toga y extrajo una pistola que parecía de juguete, pero que dejó muerto, de un certero disparo al corazón, al bandido, borrándole la risa llena de burla, e imprimiendo en el rostro entero un rictus de incredulidad y miedo.Luego, el juez Graham tiró la pistola a sus pies y levantó los brazos en señal de entrega. Nadie pudo arrancarle una sola palabra, su figura enorme, un tanto encorvada y su cabellera blanca parecían ocupar toda la sala, y cuando miró a la muchedumbre con sus inmensos ojos azules, resolutos y en paz, se convirtió en el héroe de la jornada.  

sábado, 27 de febrero de 2016

Tregua

Al rostro del dolor le vienen muchas caras,
sus máscaras no atinan a disimularlo,
capas de maquillaje, de botox y de culpa
se enfrentan entre si, sin poder aliviarlo

Tiene el dolor un sello, un tatuaje de sombras,
que naufragan del todo sin poder ocultarlo,
caminan muy adentro de su sino de lágrimas
se debaten y lloran sin poder aliviarlo.

El dolor a veces  se muta y se trastorna,
se exhibe cual trofeo sin poder evitarlo, y
todo un mar de risas, de muecas y de olvidos,
no consiguen callarlo, esconderlo,  ignorarlo.

El rostro del dolor se apareja  en sus cuitas
con soledad y miedo; ya no intenta engañarnos,
sólamente se  vierte como río en crecida,
por valles y por  montes, páramos desolados

No se puede, por siempre esgrimir falsedades,
no se puede evitar, ignorar u olvidarlo,
sólo sirve dejar que transite a su modo, poniendo
en en cada tregua de dolor, de llanto...

toda la lozanía, la paz y  la esperanza...
del dolor que has vivido,y ya está superado... 

viernes, 18 de diciembre de 2015

Declive

Hoy los vi; se decían enamorados, 
parecían dos palomas quizás, flores
de un mismo verano, sonrisa de
 Mona Lisa-ella-.serio, muy serio-él.

Los vi; hurgué con denuedo en sus
ojos, espié sus palabras, sus mediasrisas, 
sus ademanes y silencios, la forma de
juntar las almas, sin tocar las manos.

Sé que no pudieron ocultar ningún detalle.;
estaba ahí, y estaban ellos, y sus dedos afilados,
y sus bocas, y sus b
Los vi, y basto un segundo para entenderlo todo, 
decían amarse, mas sus cuerpos distantes, hablaban
de otro modo: uno de este lado,y en la orilla opuesta, 
otro simulacro, otros intereses, yrazos, sus ademanes, 
y aquella comedia de ruidos que suponían alegría.

Y la música de los violines, la sutileza del vino
en su trayecto, garganta abajo, perfumando
el alma, perfumando, aplacando, destilando...
esencia burbujeante que calienta lo frío.
 frío, mucho frío...


jueves, 17 de diciembre de 2015

Alter ego

La amaba desde que fue una duda,
una corazonada apenas, miedo a
la guerra que desencadenaría, ella
que entonces sólo era presagio,
nubarrón, crisis, juicio, culpa
-culpa de alguien, nunca del juez-
la amaba; cómo negar ahora lo
que fue evidencia desde la gesta?
Cómo ignorar la fuerza que me hizo
desafiar la mancha, el descrédito,
el índice apuntando, los ojos quemando,
las palabras estallando?

La amaba, desde que fue granito
y devino en pececillo coleteando
en ese su mundo de retos, lleno de
oscuridad, de peligro, y de ternura,
de la ternura de los imberbes, que
es amor sin moneda de cambio,
amor que no sabe amar, pero ama...
la amaba...
cuando se hizo mayor, y jugaba
a las patadas, al fútbol sin portería,
a los disgustos de su encierro,
la amaba... cuánto la amaba!!

Un amor como ese, necesita calor,
fuerza, patrocinio, centenares de
pruebas, de muestras, de discursos,
-incluso de cursilería-
Tanto la amé que perdí la noción 
del peligro; perdí todas las armas, 
los abrazos, las mediastintas, la
verguenza, la razón, el sentido
del ridículo, el orgullo, la fiereza,
mi vida en la alfombra, pasto del desdén,
de la frialdad (tanto amor provoca frío) 
muerta de miedo, muerta de olvido...

Aún la amo, con igual devoción,
ya no es dolor, ni peligro; ya no es ternura.
Dejó de ser tortura para convertirse en experiencia,
ahora es paz, conciliación conmigo misma, un trocito 
de hielo que refresca mi frente, que ya no arde,
se convirtió en amor verdadero,  que no pide, 
no suplica ni exige, no reclama las mieles,
trafica con lo que haya: odio, desamor, saetas
de azabache en dirección al corazón que cobró vida.
La amo, sí, como siempre, como nunca, tal vez más...
Mas  no hay daño, no hay dudas ni lamentos,sólo
 cristales y rosas, estallando, perfumando, amando...


martes, 15 de diciembre de 2015

Rito

No es un día cualquiera,
es el día, ese día, con sus
espacios, con sus hábitos,
lleno de luces, de soles,
de azules y naranja fuego,
de gorjeos que suenan a victoria,
de gentes, de populacho
-que no es lo mismo-
de trepidares y bocinazos.

En ese día, abandona la oscuridad,
la soledad, el ostracismo
de ermitaño, de paloma sin alas,
de topo entre herrumbes y miserias,
que no consigue mirar
más allá de los muérdanos y los zopilotes, 
huraño, taciturno, hosco...

Ese día deja todo atrás, se sacude,
se esponja, se pule, se viste de escarcha,
un toque de vida por aquí, un detalle de alegría
por allá; perlas y diamantes del reino
de Nuncajamás, escapulario al cuello,
cascabeles de esperanza en brazos y piernas,
y un ulular de pasiones acechando los ojos
y los labios....
pasea su impronta entre dos filas de
admiración, de sorpresas, de algarabía
mal disimulada.

Luego, cuando la luz muere, vuelve;
vuelve, de la mano de su cancerbero,
a la soledad, al ostracismo de ermitaño,
de palomas sin alas, de topo, de muérdanos
y zopilotes, más huraño que nunca...
hasta la próxima entrega

martes, 1 de diciembre de 2015

El águila

Como el águila que era, desplegó sus alas relucientes de rocío y comenzó a ascender sin prisas, majestuosa, bella, dueña del mundo. Más que ascender, se sumergió en una danza con el viento, una especie de vals, donde la música la proveían las olas del mar que retumbaban al golpear la playa: un contoneo por aquí, una pirueta por allá, un despliegue de colores relucientes bajo un sol que apenas comenzaba a estirarse, bostezando su regreso al trabajo. La Luna y las estrellas que recién salían de su nocturnidad, se quedaron un poco más, para ver esta danza gigante, desde sus poltronas de nubes. El águila se sentía especial, única, se sabía admirada y envidiada por los elementos que no poseían ni su gracia, ni su altivez de especie superior, cada vez con más fuerza, con mejor estilo, danzando, danzando, subiendo, bajando, retando, cayendo, danzando, danzando...El primer disparo le traspasó el ala derecha, haciendola caer en picada, presa del dolor; un segundo disparo, certero como su agonía, le despedazó el ala izquierda, cayendo a las aguas del mar que le había acompañado en esa su danza postrera, y que la acogieron en su lecho salobre, lleno de conchas, de corales y algas...

El hombre inclinó su cabeza, y luego, en un esfuerzo titánico, salió en su silla de ruedas, desde la rampa de arena del mar, hacia el cafe más cercano, a por periódicos y desayuno.